Exploradores de la Patagonia

Un blog de Felipe Nuñez

Archive for the month “marzo, 2011”

MIRADAS DEL PASADO

Creo que los ojos son uno de los componentes del cuerpo humano mas interesantes que existen. Sin embargo su analisis nunca ha pasado del meramente cientifico y racional.

La mirada que se expresa atraves de los ojos representa uno de los aspectos mas atractivos del ser constituyente del ser humano y tambien, pocas veces reparamos en ello. La mirada de los hombres estan llenos de significados y variantes, tal como lo son las multiples personalidades que coexisten en el interior del hombre. Y muchas veces no nos percatamos de que es posible ingresar al espiritu que amina a cada persona a traves de su miradaQue mensaje nos han dejado estos antiguos y espirituales seres, mensajes enviados por medio de sus transparentes miradas?

Cuando he tenido la oportunidad de observar la mirada de los dioses,  de los principes, de los escribas egipcios (sus representaciones escultoricas), me he encontrado con un mundo muy particular en el cual es posible situarles en su real perspectiva – en relacion con su rol en este mundo – que es muy diferente de la nuestra. Podriamos senalar que estamos frente a miradas que buscan o que se orientan hacia la trascendencia? Estan estos seres mirando a una realidad mucho mas espiritual que el cuerpo que les alberga o del terreno sobre el cual se desplazan?

 

(continuara)

EN TERRITORIO DESCONOCIDO

I

LA TORMENTA

Una oscura y lluviosa tarde/noche habiamos salido de Chile como escapando del temporal desatado.

Siempre me ha gustado la lluvia del sur. Esa lluvia cuyo calido golpeteo sobre el techo de tejuelas deja un agradable recuerdo de los dias invernales. Pero entonces la lluvia era distinta. Era fuerte y acompasada, casi hiriente. Goterones poderosos aplastaban la vida y arrancaban las flores de los arboles, limitando su crecimiento.

Con nuestros caballos habiamos cruzado antiguos riachuelos ahora convertidos en imponentes rios  donde las nubes y las  cascadas descargaban agua sin moderacion alguna. Milenarios arboles  se inclinaban ante la potencia del viento y muchos de ellos  arrancados de cuajo yacian cruzados sobre el camino casi como impidiendonos cruzar y salir de estos ahora oscuros bosques. Los familiares senderos abiertos a golpes de machete y hacha se hallaban escondidos bajo las nubes  las que creaban nuevos paisajes, impidiendonos reconocer el familiar, atrapandonos en la fantasmal montana.

Nuestro campamento habia sido barrido por el temporal y solamente nos quedaba buscar refugio en alguna de las cavernas que antano habian servido tambien de proteccion a los indios. Intentabamos cruzar la frontera por uno de sus innumerables pasos conocidos por los arrieros y alguna vez recorridos por nosotros; dejabamos atras la lluvia, el viento y el crujir de los arboles al quebrarse.

Entramos en una zona de niebla, frio y lluvia y tal como se hacia siempre en casos como este, eran los caballos quienes dirigian la travesia. Les dejamos avanzar solos; pisaban con cuidado, se detenian y se sobresaltaban con algun trueno. De repente un relampago iluminaba la escena y las nubes se encendian permitiendonos vislumbrar parte de la ruta. No reconociamos nada. No era por causa del cansancio de nuestra parte ni por la tension que la tormenta implicaba. Era algo diferente. Estamos en una zona desconocida. Nos habiamos perdido y los caballos nos llevaban por una zona absolutamente nueva, extrana.

“De repente un relampago…”, claro era la luz!…  Era la luz!! una luz distinta, transparente o semi transparente que iluminaba las montanas y diluia las nubes que se deslizaban arrastrandose como jirones por entre las altas cumbres… Podiamos incluso distinguir los hielos de los glaciares cercanos iluminados por una poderosa luna que se habria paso por entre las nubes. Habia dejado de llover y no nos habiamos dado cuenta de ello debido a la potencia del viento que nos empujaba hacia la montana.

Los caballos nos habian llevado sobre una zona desconocida, pero que creiamos conocer debido al glaciar que distinguiamos a la distancia. Sin embargo no lo haciamos plenamente. Acostumbrados a desplazarnos por las montanas chilenas ahora creiamos encontrarnos en una zona poco explorada de las mismas.

Un violento estampido nos hizo buscar con los ojos el lugar de su procedencia. Este no era en el cielo sino en el glaciar que se rompia. Enseguida sobrevino el crujir de los hielos que caian  y que, a pesar de la distancia, eran claramente perceptibles para nosotros.

No habia vida animal alguna a excepcion de la nuestra. Parecia que todos los animales y la aves habian buscado refugio en las grietas, en los arboles, en las rocas o en las montanas. Solamente nosotros nos encontrabamos en movimiento a merced de las fuerzas de la naturaleza.

El viento se calmo y las nubes desaparecieron dejandonos a la vista el enorme glaciar y un maravilloso cielo estrellado. La luna gobernaba grande, redonda y pesada. Su amarillento color era incapaz de tenir con una tonalidad calida el fantastico paisaje que se presentaba a nuestros pies. La pampa argentina se extendia hacia el infinito hasta tocar su horizonte, alcanzando solamente entonces su limite.

El valle era profundo y estaba marcado por altas y desafiantes cumbres.

Nos encontrabamos en lo alto de una montana con un lago y un glaciar a su costado. Veiamos la pampa frente a nosotros y tambien la extraordinaria cadena de los andes patagonicos chilenos.

Encendimos unos cigarrillos y contemplamos en silencio. Pensaba en la notable vida que debio haberse desarrollado aca, antes de la llegada de los europeos y cuando los indios se desplazaban libres por los dificiles senderos de las montanas que deben ser transitados en una especie de semi trance. No eran senderos para caminar sino para correr. Y eso lo hacian como imbuidos en otro nivel de la realidad, como mirando otros paisajes y otros horizontes. Al bajar corriendo manifestaban una sorprendente seguridad y, al igual que en las lejanas montanas del Valle de las Flores, corrian cuesta abajo silbando una melodia que conocian desde siempre, desde antes de que el tiempo fuera creado.

De pronto algo capturo nuestra atencion.

A la distancia y sobre una alta montana argentina creimos ver un destello luminoso. La montana era la mas alta y se encontraba aun en la oscuridad. Por su forma mas parecia un torreon hecho por los hombres que una obra de la naturaleza. A sus pies culebreaba un gigantesco glaciar que se deslizaba hasta uno de aquellos desconocidos fiordos australes.

La montana era escarpada y sus verticales muros impedian cualquier acceso que no sea atraves del unico sendero existente y que se situaba en plena pampa argentina.

Achicando los ojos pusimos atencion concentrandonos durante un tiempo. Subitamente entendimos y nos miramos con incredulidad; acababamos de encontrar la mitica unidad adelantada “Dragones de San Martin”, la unidad militar mas misteriosa del ejercito argentino. Sabiamos de ella… que digo!!… habiamos escuchado hablar de ella en alguna de nuestras innumerables noches de juego y de nostalgias con los arrieros y baquianos de la zona. Alguno la habia nombrado, muchos habian negado con la cabeza el saber su ubicacion. Otros dudaban de su existencia.

Lo poco que sabian de ella nos indicaba que esta unidad estaba constituida por militares que destacaban por una especial aceptacion de la disciplina. Para dar con este particular contingente se les buscaba durante anos y debian tener ciertas especiales caracteristicas. De tradicional familia militar, naturalmente muy educados, buenos atletas y observadores calificados. Se les preferia de familias patricias y con al menos tres generaciones que hubieran servido en las filas de la milicia. Se buscaba el que fueran solteros y que se hubieran entregado al estudio de la historia militar con ahinco y dedicacion. “Un poco misticos” recuerdo que pense entonces.

Su mision era la de ser adelantados en la patagonia y comunicar el desplazamiento de las unidades militares chilenas sobre los hielos que protegian. Eso era al menos lo que sabiamos de ellos, al menos en el papel.

Nos miramos en silencio, ajustamos las boinas sobre nuestras cabezas, apretamos con nuestras piernas las costillas de nuestros caballos y con nuestros ponchos al viento nos lanzamos al encuentro del mitico regimiento patagonico.

II

EN EL PUESTO ADELANTADO

La feroz cabagata habia sido formidable y la hicimos con el corazon arrebatado.

 No queriamos dejar de encontrar aquella mitica unidad aunque nos planteara serios problemas. Sin embargo la curiosidad era mayor y aceptariamos las consecuencias de nuestro proceder ante las autoridades trasandinas.

Al tiempo que tuvimos la unidad al alcance de nuestra vista, supimos que habiamos sido descubiertos por los centinelas que se encontraban en alerta. Para cuando llegamos bajo el muro de rocas que conformaba el anillo exterior de proteccion, sabiamos con certeza que varias decenas de ojos nos observaban.

La fortaleza se encontraba en una especia de peninsula que entraba unos 4 kilometros en territorio chileno.  Era una obra grande pero no imponente; su grandeza residia tanto en su tamaño asi como en los materiales que habian sido utilizados en su construccion. Era densa, pesada.

Nos detuvimos frente al porton de entrada. Este era un rustico trabajo de madera, solido y capaz de permitir el ingreso de vehiculos medianos. De pronto se entreabrio y asomo un militar vestido de gala (no reconoci el uniforme), a pesar de estar ya en la primeras horas de la manana. Un fuerte taconazo y su mano a la vicera bastaron para recibirnos, solicitando a la vez  informacion.

“Felipe Nunez y Markus Cheeke” indico senalando a mi companero con un movimiento de cabeza

Nos invito a pasar.

Desmontamos y entregamos las riendas de nuestros caballos a un ordenanza que silenciosamente se habia acercado.

El militar que nos habia recibido extendiendo la mano se presenta como el teniente Azcuénaga. Nos conduce al recinto principal y mientras le seguimos por el patio central del fortin observamos que una  cereminia se inicaba. Bruscamente el teniente se detiene y rigidizando su cuerpo adopta la posicion de firme, gira a su derecha y nuevamente llevandose la mano a la gorra participa de la ceremonia. Se estaba realizando el izamiento del pabellon argentino. Pero este era distinto y eso  capturo mi atencion.

Una fila de oficiales con su sables desenvainados y frente a sus ojos, rendian honores a su bandera. Lo notable es que sobre ella se encontraba una mas pequena, de color azul anil y con un dragon rampante. Bajo ella la de Argentina.

Ingresamos en el recinto. Azcuénaga nos pide esperar mientras desaparece tras la puerta de una habitacion. Al cabo de unos minutos la puerta se abre y nos invita a pasar. Nos presenta al coronel Ortiz Anchorena, el jefe de la unidad. Ortiz nos invita a sentarnos, nos ofrece cafe y, amablemente, nos interroga.

Respondemos que la violenta tormenta en Chile habia destruido nuestro campamento, que los caballos en medio de su terror a los truenos y relampagos habian extraviado el rumbo; que sin conciencia habiamos perdido nuestro camino, que por casualidad habiamos entrado en la Argentina por un paso no habilitado.

Ortiz Anchorena nos escucha con atencion y en silencio. Cuando callamos, pulsando un boton ordena que unos oficiales se hagan presentes.

Tras un momento, un par de golpes en la puerta senalan la llegada de Unzué, Alvear y Lanusse. El coronel nos hace repetir la historia. Luego nos pide indicar en una gran carta geografica el camino por nosotros utilizado. “No podemos senalarlo”, respondo “pues nosotros mismos nos habiamos extraviado entre las nubes.”

Quedamos en calidad de “invitados” (detenidos en lenguaje comun) asignandosenos un par de cuartos-celdas. Eran de piedra (como toda la construccion), con un camastro del mismo material, un pequeno bano, una mesita empotrada en el muro, una silla y una pequena ventana sin barrotes que miraba al interior del recinto militar. Sus dimensiones eran exiguas y me recordaron las del monasterio benedictino que anos atras habiamos ocupado cuando alojamos durante un corto espacio de tiempo.

Me eche sobre el camastro, cubriendome con mi poncho cerre los ojos para descansar y dormir. Pensaba en aquella noche, en el bello paisaje a la luz de la luna y en estos extranos soldados.

Me dormi.

III

AQUELLOS OJOS (DE REGRESO AL PASADO)

El sonido de un clarin me desperto. Dandole una mirada a mi reloj salte de mi cama y note que habia pasado un dia durmiendo. Eran las 04:30 de la madrugada y el clarin indicaba la Diana, la hora de levantarse.

Se nos invita a desayunar.

El salon era extremadamente austero. Tres mesas alargadas cubiertas con sendos manteles blancos.

Markus queda en una mesa y yo comparto la mia con Lanusse, Bunge y otros. Esperamos la llegada del coronel de pie frente a nuestros puestos. Su ingreso es seguido por nuestros ojos y nos sentamos solamente despues de que el lo hace.  Soldados aparecen tras unas puertas y nos llenan las tazas con cafe y leche.

Nadie habla.

Repentinamente escuchamos una voz que comienza a leer trozos de Borges. Un cuento de aquel autor.

Terminada la lectura, termina el desayuno.

Salimos del comedor y se nos indica acompanar a Bunge. Este nos lleva nuevamente a la oficina del coronel. El oficial nos esta esperando y nos senala que nuestra historia ha sido confirmada, que podemos seguir, que no hay cargos en contra nuestra. Nos confirma que podemos partir de inmediato si es que asi lo queremos. Ha dado ordenes para que nos preparen algo de comida y confirma que nuestros caballos han sido perfectamente bien cuidados.

Le agradecemos la gentileza manifestada aunque nos habria gustado quedarnos un par de dias mas. Comprendemos de la imposibilidad de aquello y que una vez reunidas nuestras pertenecias partiremos lo antes posible. Nos estrechamos la mano y salimos de la habitacion.

Azcuénaga nos acompana hasta el porton y abandonamos el lugar al trote sostenido. Cabalgamos en silencio en direccion a Chile durante varios kilometros. Ya entrados en el terruno nos detenemos ante la vista espectacular de un ventisquero.

Desmontamos, estiramos las piernas mientras los caballos se mueven libres de nuestros pesos.

Le indico a Markus lo extrano de la aventura. Las formas militares, el pabellon por sobre el argentino. Los sables y la carencia de fusiles. Recordamos la similitud de la celda asignada con aquella de los benedictinos, antano en Santiago nos brindaron. Las lecturas a la hora de las comidas (Markus no habia dormido tanto como yo y habia sido invitado al almuerzo y a una cena).

Le senale que me maravillaron los ojos de los oficiales, pero fundamentalmente de sus miradas, “de todos los soldados en la unidad” interrumpe mi amigo. Le comento que hace unos anos atras, durante un viaje a Egipto, habia sido sorprendido por la misma mirada en algunas de las esculturas de principes y autoridades reales. Aquellas no eran miradas dirijidas a este mundo sino que parecian que observaban otras realidades, miraban otras dimensiones y vivian mas alla del Tiempo.

Inicie entonces una pequena diatriba en contra del mundo moderno y su pobreza espiritual, senalandole a Markus que estos hombres (los soldados) habian sido retirados del mundo contemporaneo por alguna persona o alguna organizacion que buscaba trascender en el tiempo. Que ellos eran una especie de puente que atraves del tiempo mantenia un legado que habria de ser entregado en algun momento y en algun lugar a algunos otros. Que habiamos entrado en un mundo completamente aparte del nuestro y que debiamos considerarlo como un privilegio.

“Estos soldados no son argentinos, estan mas alla de las patrias, de las naciones; son seres atemporales que resguardan un legado que les pertenece pero cuyas claves han de ser traspasadas. No son siquiera de esta epoca. Estan mas alla del tiempo”, indico

“Son soldados espirituales; guerreros espirituales” agrego y corrijo. “Es que no leiste esos ojos?”, le pregunto. “Porque nos dejaron ir, porque nos dejaron salir?”

“Mientras dormias en tu celda, me buscaron en la mia” comienza mi amigo.  “Me llevaron ante el coronel y me hizo una serie de preguntas: me pregunto por ti, desde cuando te conocia y sobre cuales eran tus intereses”

Markus les hablo de nuestros anos de viajes en conjunto, de nuestro grupo de amigos en Santiago el cual se fue resintiendo debido al lento desgrane del mismo. Finalmente, les dijo, nosotros habiamos salido hacia el Sur, pero nunca abandonamos nuestro interes en la historia antigua. Les explico de mi obsesion por la Creacion, en el proceso de la creacion que se manifiesta en el hombre; en la union de la metafisica, el arte, las religiones y tambien las ciencias.

Les comento de nuestros padres que habian muerto en el Sur. Al llegar a estos antecedentes, el coronel le solicito profundizar aun mas en el tema.

Markus se explayo indicandole que yo nunca deje de aceptar como una realidad el interes de mi padre por los seres mitologicos y fantasticos, de que encerrarian una clave que me era preciso resolver. Le senalo que habiamos heredado mucho de ellos (nuestros padres), no solamente sus diarios, sus libros y sus dibujos. Que de pequenos habiamos participado de sus conversaciones y que nuestros padres se habian conocido de ninos. Ellos habian sido educados por europeos alla en Chile. Ellos guiaron sus lecturas, sus estudios, si bien nunca intervinieron en la educacion que recibian en sus hogares.

El coronel escuchaba en silencio. Pidio mas antecedentes mios, algo mas profundo, algo que no sea solamente el dato biografico o anecdotico.

Mi amigo le miro perplejo sin saber que responder. Azcuénaga adelantandose le senalo que el no me conocia. Markus fruncio el entrecejo.

“Es que no ha visto las manos de su amigo?” inquiere el militar.

Sacandome los guantes  miro mis manos y sonrio. Markus me interroga con la mirada.

Mirada de un principe egipcio, Museo de El Cairo

 

Nota nº1

La unidad militar “Dragones de San Martín” o “Dragones de la Patagonia”, es la unidad más misteriosa y desconocida en el ejército argentino. Según los antecedentes que hemos recopilado, fue creada por el Gral. Perón en el mes de abril de 1947 y su concreción se habría producido luego de algunos contactos sostenidos con él por parte de militares y civiles europeos. El secretismo con el cual se ha operado en la constitución, en el entrenamiento y en los fines de esta unidad, ha tejido una serie de suposiciones , pero nada cierto ha surgido de ello.

Sabemos que los oficiales que han formado parte de esta unidad no han participado en ninguna otra unidad operativa y ni siquiera aparecen como adscritos al ejército argentino, sin embargo sabemos también que una vez pasados a retiro, entran a habitar en villas especialmente construídas para ellos, en la que viven hasta su muerte. Esas villas contarían con hospital y cementerio propio y se encuentrarían en la zona cercana a Mendoza.

De acuerdo a nuestras informaciones, todo el personal de la unidad está constituída por oficiales y ésta se abastece con productos entregados por algunos estancieros patagónicos.

Luego del relato antes posteado, tuve ocasión de encontrarme una última vez con el coronel Ortiz Anchorena, oportunidad en la que tocamos algunos temas que he ido desarrollando en este blog. Si bien puedo escribir sobre lo conversado, no lo puedo hacer en cuanto a la ubicación del sitio preciso de la unidad, de acuerdo a expresa solicitud del coronel.

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